Su conformación

En 1608, Hernandarias hace un reparto de tierras, apareciendo el planos posteriores, instalaciones de los jesuitas (entre las actuales calles Chilcaza, Pavón y Boedo), pegada a la de los franciscanos.

En Caseros y Monasterio, existió laquinta de la familia Escalada, donde pasa los últimos días de su vida la esposa del general san Martín, dola remedios de Escalada. Esta quinta, en 1860 pasa a ser de Don Miguel Navarro Viola, jurista y literato. En frente vivían los Bunge y cerca, otras familias de renombre.
A 100 metros, sobre la Av. Caseros, vivió y murió el marino Tomás Espora, a donde lo visitaban Guillermo Brawn y Juan Manuel de Rosas. Gracias a la posterior donación al Estado realizada por la última propietaria, Sra. Henriqueta Macay de Podesta se instaló el Museo de Marina Tomás Espora (Av. Caseros 2522), que enriquece el patrimonio histórico del barrio.

En 1853, este sitio sirvió como asiento a 600 hombres de la caballería del Coronel Hilario Lagos (Alfonsín, 1972:2).

En 1859 la zona aparece en los planos como parte del partido de San José de Flores, pero no fue una zona destinada a casas quintas. Por leyes municipales, se determina el emplazamiento de un cementerio y un nuevo matadero.

En 1860, se proyecta construir un nuevo matadero, ya que el existente, ubicado en lo que hoy es la Plaza España, era muy pequeño y se encontraba en condiciones insalubres. Debía emplazarse en una zona elevada y de fácil acceso para los arreos de ganado, así fue como se eligió esta meseta. Para tales fines la municipalidad crea la comisión de los Corrales del Sud, quienes presentaron un plano, memoria descriptiva y presupuesto para la nueva construcción (Aliata, 1988: 41,42). Para adquirir los terrenos de la actual calle Monteagudo al 50 fue necesaria la cobranza de un arancel por cabeza de ganado durante diez años. Por la epidemia de fiebre amarilla, se hizo imperioso apurar los trabajos de construcción y en noviembre de 1872, aún sin estar terminado, tuvo que ser inaugurado.

Estos mismos terrenos fueron el escenario, el 21 de junio de 1880, de la sangrienta“Batalla de los Corrales”, enfrentamiento entre el bando encabezado por Carlos Tejedor, gobernador de la Provincia de Buenos Aires contra las tropas nacionales del presidente Nicolás Avellaneda (Llanes, 1974:36).

Los Mataderos del Sur de la Convalecencia, fueron los que le dieron al barrio el antiguo nombre de Corrales Viejos, pero muchos más fueron los nombres con que se llamó a este sector de la ciudad hasta la creación de su actual nombre.

Se lo llamó Barrio de Las Latas, porque de latas, chapas, cartones y géneros en desuso eran las casas en que vivían muchos de sus habitantes, desde Cachi hasta Zavaleta, constitu-yendo la primera villa de emergencia que tuvo la Ciudad de Buenos Aires. También, Barrio de Las Ranas, por la cantidad de esos batracios que vivían en los numerosos charcos sucios de la zona. De aquí surge la palabra arrabalera “ranero” sinónimo de rápido o avispado.

En esta misma zona existió “La Quema”, un vaciadero municipal donde en carro se arrastraba toda la basura y la inmundicia, para después ser quemadas. Ante la necesidad, eran muchos los que acudían a la Quema y revisaban cuidadosamente esa mezcla de excremento y desperdicios, para su uso o para obtener alguna ganancia con su venta. Antecesores de los actuales “cartoneros” se los llamó “quemeros” o“cirujas”, como apócope de cirujano, por la puntillosidad con que revisaban la basura con peores condiciones por la exposición insalubre del contacto directo.

La presencia de los mataderos y su cercanía con la quema de basura hicieron del barrio un área marginal poblada por inmigrantes pobres, trabajadores del matadero, prostitutas y maleantes. Fue célebre por los duelos criollos en sus esquinas y boliches a puro cuchillo que hasta tenían un código de honor.

En esta zona fabril se instalaron establecimientos de todo tipo: fabricas de chacinados, jabones, casimires, mantas y frazadas, curtiembres, corralones de materiales, etc. La llegada de gran cantidad de obreros y sus familias, muchos de ellos inmigrantes produjo un gran crecimiento de la población que vivía en casas precarias. Así empezaron a construirse los conventillos, como los de las calles Garay, Caseros y Liniers, General Urquiza y Rondeau, entre otros.

Las primeras construcciones comenzaron a levantarse a fines del siglo anterior, a partir de las obras que dieron origen al Arsenal de Guerra, inaugurado en 1885 y demolido en 1964, ubicado en los terrenos que en parte ocupa ahora el Hospital Nacional de Pediatría. En la quinta del Perito Moreno fue una de las más extensas de la zona. En parte de lo que fuera su área, se construyeron el Instituto Félix F. Bernasconi y la Maternidad Sardá.

En 1901 se realizó el traslado del matadero al barrio de Liniers. Al año siguiente, el 12 de septiembre de 1902 fue creado por orden municipal el PARQUE LOS PATRICIOS, con superficie de 101,210 m2, diseñado por Carlos Thais.

La historia nos señala que en la esquina de Rioja y Rondeau se instaló, en 1912, la farmacia propiedad de Armandini Poggeti de Hidalgo, quién fuera la primera farmacéutica argentina, recibida en 1902. Fue la primera mujer que manejó un automóvil en Buenos Aires.

En esa primera década, cuando Parque Patricios y Boedo eran los arrabales de una ciudad que crecía vertiginosamente, en la casa del pintor y grabador Guillermo Facio Hebequer ( La Rioja 1861) era el lugar de reunión del grupo denominado “los artistas del pueblo” conformado por Agustín Riganelli, Abrahan Vigo, Gustavo Bellocq y luego Gustavo Riccio, Juan de Dios Filiberto, Quinquela Martín, Elías Castelnuovo y tantos otros escritores, poetas, artistas plásticos, que nos legaron un patrimonio cultural inestimable.

Por los años 50, la Agrupación de Arte “Bohemía” de pintores y escultores nació bajo la inspiración de Justuniano García, Francisco López Boudón y Juan Laurido, en el legendario café de Luis Isola, en Patagones y Labardén y que en aquellos primeros tiempos integraron artistas jóvenes y consagrados como Enrique Gaimari, el escultor Francisco Reyes, Héctor Tessarolo y tantos otros.

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